Mi mensaje


Eva Perón

Mi mensaje - Eva Peron

Evita ya no volvería a dejar en vida la residencia presidencial. Sus días pasaban en un círculo cada vez más íntimo, que incluía a su enfermera, María Eugenia Alvarez, quien recordaba:

“Ya en los últimos momentos solamente la visitaban el General, su mamá, sus hermanas y hermano, el padre Benítez, Atilio Renzi y algún que otro ministro muy poquito tiempo. El General la veía todos los días, no hubo un minuto en que pudiera estar con ella que se hubiera perdido. ¡Perón amó a esa mujer! En todo momento estuvo a su lado. Cuando él llegaba por supuesto que yo me retiraba para que pudieran charlar tranquilos”.

Hacía algún tiempo que venía dictando fragmentos de un nuevo libro, destinado a llamarse Mi mensaje, a un grupo de colaboradores, entre ellos el gremialista docente Juan Jiménez Domínguez. Según Ana Macri, una de las “censistas” que habían fundado con Eva el Partido Peronista Femenino, entonces diputada nacional:

“La vi dos meses antes de su muerte. Me dijo: “Peti, estoy escribiendo Mi mensaje, lástima que Perón no me lo quiere hacer editar porque dice que es muy fuerte lo que digo sobre la jerarquía eclesiástica y militar…”.

En efecto, el texto no sería publicado por Perón y por mucho tiempo se lo dio por perdido. Cuando en 1987 aparecieron 79 carillas mecanografiadas, con las iniciales E.P.manuscritas en cada una de ellas, se pudieron conocer frases incendiarias como estas:

“Solamente los fanáticos –que son idealistas y son sectarios– no se entregan. Los fríos, los indiferentes, no deben servir al pueblo. No pueden servirlo aunque quieran. Para servir al pueblo hay que estar dispuestos a todo, incluso a morir”.

“Es necesario que los pueblos destruyan los altos círculos de sus fuerzas militares gobernando a las naciones. ¿Cómo? Abriendo al pueblo sus cuadros dirigentes. Los ejércitos deben ser del pueblo y servirlo”.

“Los ambiciosos son fríos como culebras pero saben disimular demasiado bien. Son enemigos del pueblo porque ellos no servirán jamás sino a sus intereses personales. Yo los he perseguido en el movimiento peronista y los seguiré persiguiendo implacablemente en defensa del pueblo”.

“Yo no comprendo […] por qué, en nombre de la religión y en nombre de Dios, puede predicarse la resignación frente a la injusticia. Ni por qué no puede en cambio reclamarse, en nombre de Dios y en nombre de la religión, esos supremos derechos de todos a la justicia y a la libertad. La religión no ha de ser jamás instrumento de opresión para los pueblos. Tiene que ser bandera de rebeldía”.

“Cuando todos sean trabajadores, cuando todos vivan del propio trabajo y no del trabajo ajeno, seremos todos más buenos, más hermanos, y la oligarquía será un recuerdo amargo y doloroso para la humanidad. Pero mientras tanto, lo fundamental es que los hombres del pueblo, los de la clase que trabaja, no se entreguen a la raza oligarca de los explotadores. Todo explotador es enemigo del pueblo. ¡La justicia exige que sea derrotado!”.

El original, guardado por el escribano general de gobierno, Jorge Garrido, luego del derrocamiento de Perón, y vendido en subasta por sus hijos en 1987, fue dado a conocer por el historiador Fermín Chávez. Otra edición, realizada en 1994, dio pie a un largo juicio, promovido por Blanca y Erminda, hermanas de Evita, que culminó cuando los tribunales, sobre la base de peritajes caligráficos y testimonios, resolvieron que el texto era auténtico.

Felipe Pigna

BAJAR .DOC
BAJAR .PDF
↓ BAJAR MP3 (No disponible por el momento)

ATRASPrincipio de Página

 

 

Comentarios desactivados en Mi mensaje

Archivado bajo Libros

Los comentarios están cerrados.