Tragedias y mezquindades


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linea122 de Enero de 2015

Jorge Rivas

Como se sabe, pocos días antes de su trágica muerte, el fiscal Alberto Nisman denunció temerariamente a la presidenta de la República, al canciller y a otras personas, de formar una asociación ilícita para desviar la investigación de la causa AMIA, con el objeto de encubrir a terroristas iraníes, supuestos autores del atentado del 18 de julio de 1994.
La denuncia –se lo ha señalado reiteradamente, pero no está de más insistir– presentada en plena feria judicial, carente de prueba documental alguna, apoyada apenas en escuchas telefónicas de terceras personas y en pobres conjeturas geopolíticas, era de una endeblez tal que no se le habilitó la feria.
No pretendo en estas líneas cuestionar la cuestionable tarea que Nisman desarrolló durante estos últimos años al frente de su unidad fiscal especial, ni enredarme en una misteriosa trama de servicios de inteligencia. Estoy convencido de que es el Poder Judicial el que debe encontrar respuestas válidas a los numerosos interrogantes que se plantean a partir de este presunto suicidio.
En lo que sí quiero detenerme es en el escenario político montado por los medios hegemónicos con el objeto de erosionar al gobierno, antes y después del trágico acontecimiento. Antes, contribuyendo a crear un clima propicio para la presentación de una denuncia que más que un episodio judicial constituía una oscura operación política. Después, procurando, mediante sus más conspicuos operadores, de manera irresponsable y miserable, endilgarle al gobierno la responsabilidad por la muerte de Nisman.
Si bien no es novedad que los medios a los que me refiero intentan a tiempo completo hacer aparecer al gobierno nacional como el causante de todos los males de nuestro país, el hecho de que no se detengan ante la muerte demuestra un nivel de desquicio que ya no parece conocer límites.
Y un último párrafo merece buena parte de los dirigentes de la oposición, que exhibieron, según los casos, hipocresía, cinismo, o superficialidad,  pero todos con la misma patética actitud de arañar algún mezquino rédito político para su sector. Hasta se pudo escuchar a Mauricio Macri disertando con afectada solemnidad sobre la necesidad de que los servicios de inteligencia solo respondan a los intereses de la Nación, como si no estuviera procesado él mismo por escuchas ilegales.
En fin, ningún respeto ni para la tragedia personal, ni para la colectiva. Por mi parte, a través de esta nota quiero hacerles llegar mis condolencias a la familia y a los amigos de Alberto Nisman, mi renovada solidaridad a los de los caídos en el salvaje atentado contra la AMIA, y un firme reclamo a la justicia para que obtenga las respuestas que la sociedad argentina espera respecto de una y otra tragedia y ponga así fin a 20 años de impunidad.

FUENTE: Tiempo Argentino

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